Qué difícil puede llegar a ser… Alguien cercano te comparte un problema. Lo escuchas con atención, empatizas profundamente y, antes de darte cuenta, ya llevas puesta esa vieja capa de salvador/a, esa que te convierte en el solucionador/a de los problemas de los demás. Esa misma capa que, aunque te hace sentir útil por un momento, tantas veces te ha dejado agotado/a y sin energía.

¿Te suena?

Cargar con los problemas de otras personas puede parecer un acto noble, pero tiene un gran coste. Hay un beneficio oculto en hacerlo (y te lo contaré), pero también muchas desventajas que pasan factura: sumas los problemas ajenos a los tuyos propios, te desconectas de tus límites y, a menudo, terminas sintiéndote frustrado/a o incluso culpable si no puedes solucionar nada.

¿Quieres saber por qué lo hacemos y, sobre todo, cómo evitar que esa carga te siga desgastando? Sigue leyendo, porque te lo voy a contar todo.

¿Qué es el rol de salvador/a?

El rol de salvador es un patrón de comportamiento que se caracteriza por:

  • Siente una responsabilidad excesiva por el bienestar de los demás.
  • Tiende a intervenir sin que se lo pidan, incluso cuando la otra persona puede resolverlo sola.
  • Puede descuidar sus propias necesidades por priorizar las de otros.
  • Se frustra cuando los demás no mejoran o no valoran su ayuda.

 

Es lógico y natural que no queremos ver sufrir a las personas que queremos. Hasta aquí bien. Pero el rol de salvador/a lo que hace es hacer nuestros los problemas ajenos (incluso sin que nadie nos lo pida) dejando de lado, posponiendo e ignorando nuestras propias necesidades. Agotándonos por el camino.

¿Cuál es el beneficio de este rol?

Puede parecer paradójico. ¿Qué tiene de positivo cargar con los problemas de los demás para mí, si acabo agotado/a? Pues aunque no lo creas tiene varios beneficios secundarios, y no es solo una respuesta altruista.

  • Sensación de control: Resolver problemas ajenos nos da la ilusión de que controlamos algo, especialmente cuando nuestra propia vida se siente fuera de equilibrio.
  • Reconocimiento: A veces, queremos sentirnos valiosos/as, ser vistos como alguien confiable, fuerte y capaz. Si soy útil resolviendo problemas ajenos entonces soy querible y valioso/a.
  • Evitar enfrentarnos a lo nuestro: Al centrar nuestra atención en los demás, postergamos mirar lo que duele en nosotros mismos.
  • Evitar un posible abandono: Pues inconscientemente puede estar la creencia de que si soy indispensable para los demás, ellos no se irán.

¿De donde viene este rol?

Suele venir de personas cuyas necesidades en la infancia no fueron vistas ni satisfechas, o donde crecimos en un hogar donde nos tocó tener responsabilidades de adulto que no nos correspondían (lo que se llama niños parentificados). Donde se aprendió que el valor propio está relacionado con lo que hacemos por los demás y no por lo que somos.

Esto nos lleva a la frustración constante, al agotamiento y puede que también al enfado hacia nosotros (y/o los demás) por olvidarnos de nuestras necesidades. Además de cómo puede afectar al vínculo, al hacer sentir a la otra persona controlada o que no confiamos en sus herramientas para resolver sus propios problemas.

Y por eso que este rol tiene mucho sentido seguramente por tu historia.

cómo dejar de cargar con problemas de otras personas