Las emociones nos acompañan a todos durante toda nuestra vida. No es algo que se escoja o elija tener. Son respuestas subjetivas a estímulos externos o internos, que vienen acompañados de una respuesta fisiológica (temblores, aumento respiración y ritmo cardíaco, sudoración, dilatación de las pupilas…) y una respuesta conductual o expresiva (comunicación verbal y no verbal, gestos, acciones…). Solo que unas generan en nosotros una respuesta placentera y otras son más incómodas. Las emociones que consideramos positivas siempre son bienvenidas, a todos nos gustan. El problema viene cuando lo que sentimos es ira, tristeza, enfado, miedo… eso ya no nos gusta tanto y las consideramos emociones negativas. Cuando en realidad son tan necesarias como las demás, solo que se viven de forma más incómoda. Pero no son negativas ni se pueden controlar o evitar. Teniendo en cuenta que somos seres puramente emocionales no podemos escapar de ellas, ni de las que nos hacer sentir bien ni de las más incómodas. Así que toca aprender a gestionarlas. Aquí os cuento 7 pasos para gestionar las emociones incómodas.

Somos seres emocionales

 

 

Tristeza, ira, miedo, asco.  Están dentro de las consideradas emociones básicas tan necesarias para nosotros. Si no habéis visto la película Inside Out os lo recomiendo. Aunque sea una película para niños explica de forma simbólica para que sirven las emociones y cuál es la función adaptativa de cada una de ellas. Porque todas las emociones tienen su función adaptativa para nosotros aunque la sensación que sentimos no sea de lo más agradable. No están ahí solo fastidiarnos el día o la vida y hacernos sentir mal. Son llamadas equivocadamente negativas, lo que le da una connotación de algo malo, que hay que evitar lo que genera que se vivan de peor forma.

 

Más abajo os contaré cuáles son las funciones adaptativa de cada una. Saber por que están ahí nos permita también conciliarnos con ellas y dejarles hacer su labor. Acogerlas, abrirles la puerta, dejarlas pasar para que también puedan irse antes. Si les cerramos la puerta gritarán con más fuerza para que les abras y al final te generará más malestar por impedirlas que por el malestar propio de la emoción.

 

Todos sentimos emociones, pero no las sentimos igual ante el mismo estímulo externo o interno, por eso se dice que son una respuesta subjetiva. Eso es por que nuestra historia, nuestro aprendizaje, nuestros miedos,… harán que reaccionemos de forma diferente ante un mismo estímulo. Pero lo que está claro es que todas ellas tienen un mensaje para nosotros que debemos de averiguar.

El problema es que muchas veces hemos asociado erróneamente a estas emociones una connotación negativa. Quizás porque nos la invalidaron de pequeños, por educación,  por que nos recuerde a alguien a quien no queremos parecernos o porque nadie nos he enseñado gestión emocional. Por la razón que sea tratamos de negar o minimizar la emoción, negándonos su función y provocando muchísimo malestar. Aprendimos en algún momento que para conseguir lo que queremos o necesitamos esa parte no debe estar.  Y cuanto más tratamos de evitarlas más grandes y menos manejables son. En estos casos recomiendo terapia para poder aprender a gestionar las emociones y trabajar en aquello del pasado que nos afecta a nuestra gestión emocional.

pasos gestión emocional

¿Cuál es la función de las principales emociones incómodas?

 

 

 

Como ya hemos visto no hay emociones positivas o negativas. Son emociones sin más, solo que unas las vivimos más positivamente que otras. Pasemos a ver cuales son las funciones de las principales emociones con peor fama:

  • Tristeza: La tristeza viene cuando hemos perdido algo que para nosotros es importante (una persona, una relación, un trabajo, un proyecto,…) o cuando las cosas no han salido como nosotros esperábamos. Aquí también viene acompañada por la frustración. Cuando uno se siente triste lo que le pide el cuerpo es estar solo, no nos apetece hacer nada. La apatía y la anhedonia (incapacidad para disfrutar de las cosas que antes nos generaban placer) reinan, lo que nos permite poner todas las energías hacia dentro de nosotros, en la introspección, la reflexión con uno mismo para poder conectar de nuevo y asimilar la pérdida. Con su comportamiento asociado tienen el componente social de mostrar a los demás a través de nuestro comportamiento alicaído, pensativo y desganado que estamos tristes, lo que tiene como objetivo pedir ayuda. Gracias a estos momentos conseguimos superar situaciones muy difíciles en nuestra vida como la muerte de un ser querido o una ruptura sentimental.

 

  • Ira: la ira nos proporciona un chute de energía para reaccionar ante determinadas circunstancias. Situaciones donde se están pasando nuestros límites, nos están haciendo daño o son injustas para nosotros. Sin la ira y el enfado no podríamos defendernos, es maravillosa. Solo que como es una emoción muy explosiva es fácil dejarnos llevar por ella y causar estragos, diciendo o haciendo cosas de las que luego nos arrepintamos o que se alargue en el tiempo y se convierta en resentimiento. Por ello aprender herramientas de comunicación asertiva, aprender a poner límites y cómo gestionar la ira nos permitirá gestionarla y que no nos vaya de las manos para que pueda hacer su función. 

  • Miedo: sin miedo seríamos unos descerebrados. Tomaríamos riesgos innecesarios, pondríamos en peligro nuestra vida y la de los demás, y se acortaría mucho nuestra media de vida. El miedo nos ayuda a evaluar la situación y los posibles riesgos que haya para encontrar una solución. El miedo debe ser proporcional a la situación, si es excesivo no está cumpliendo su función sino que nos está paralizando o evitando que consigamos cosas, vivamos situaciones o alcancemos objetivos.

 

No confundamos emoción con estado de ánimo. La emoción es más corta en el tiempo y más intensa, en respuesta a algo externo o interno para desenvolverme bien en la situación. En cambio el estado de ánimo es menos intenso y más duradero en el tiempo y normalmente no tiene una causa concreta.

 

 

 

7 pasos para gestionar emociones incómodas

 

Cómo no nos queda otra que vivirlas, no se pueden evitar y nos acompañarán toda la vida, nos queda aprender a manejarlas. Aquí os dejo los 7 pasos para gestionar emociones incómodas:

 

1.- Darte permiso de sentir la emoción. En primer lugar, una de las cosas más importantes. Tenemos que aceptar nuestras emociones y validarlas. Debes darte permiso tú para sentir esa emoción. No hay nada de malo en ello, ni nada malo en ti por sentirla. Date permiso para sentir lo que sientes y dale el valor que tiene la experiencia que estás viviendo. Escapar o ignorarla no es una solución. Puede que te hayan invalidado en tu infancia y este punto te cueste más. Por que hay un mandato interno de «tengo que estar bien», «lo de los demás es más importante que yo», «no merezco sentir esto». 

2.- Identifica que es lo que sientes. Ponle nombre y apellidos a tus emociones. No siempre sentirás emociones puras, lo normal es que sientas una mezcla de varias emociones. Puedes tomar una libreta para ir anotando como te sientes y los pensamientos y conductas que tienes. Te puede ayudar a poner en palabras sus emociones y dejar que hagan su labor. Tienen una función hacia ti, te intentan proteger no lastimar. Te pongo la rueda de las emociones, que solemos utilizar en sesiones para aprender a identificarlas.

 

3.- Recoge la información que tiene esa emoción. Como hemos visto antes, todas emociones tienen un significado, una función evolutiva. ¿Qué te quiere decir esa emoción? Descríbela, intenta leer lo que te transmite. Suelen ser una llamada de atención sobre algo que no va bien y que debemos atender. Esto te ayudará a gestionarla, a darle valor a lo que tienen para contarte. Recuerda que es una amiga, no es el enemigo.

4.-Autorregistro. Además de los diarios, están muy bien para conocernos más los autorregistros. Consisten en ir anotando en qué situaciones se despiertan determinadas situaciones. Nos ayudará también a anticiparnos y a gestionar mejor nuestras emociones.

5- Mindfulness. El mindfulnes está muy relacionado con la inteligencia emocional. Es la atención plena a lo que está sucediendo en el momento presente, a la conciencia plena. Nos ayuda a resolver conflictos, a no dejarnos llevar por lo que sentimos, a conectarnos con nosotros mismos y mejora nuestras relaciones. Encontrarás muchos libros y vídeos sobre el tema por si te interesa profundizar más en el tema.

6.- Exprésalas. De nada sirve que sepamos que quieres de nosotros y no tiene salida. La ira por ejemplo tiene una gran carga de energía, que hay que canalizar de alguna forma. Además de poner los límites que tengamos que poner, podemos canalizarla ser a través del ejercicio, de desahogarnos hablando con alguien de confianza, de golpear un cojín, saltar … te ayudará a sacar esa energía. Si es tristeza puedes pedir ayuda, hablar con alguien, escribir,… hacer como si no pasara nada no hará que se vaya antes sino todo lo contrario. Hasta que no haga lo que ha venido a hacer se quedará contigo.

7. – ¡A trabajar! Puede que hayas descubierto que hay algo que va más profundo, algo que te ha acompañado siempre. Puede que esa emoción sea un protector para ti, de una parte que ha sufrido e intenta protegerse. Y que ahora no te hace bien. O puede que tengas que trabajar en tu autoestima, en tus habilidades de comunicación, en poner límites… Sanando la raíz y aprendiendo gestión emocional ya no serás una marioneta de tus emociones. Si no puedes solo/a pide ayuda.

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